Desde ayer estaba pensando que el dilema de una pareja es tan similar al dilema del prisionero. Este es probablemente el ejemplo mas conocido de la teoría de juegos. Consiste en lo siguiente:
Dos ladrones son capturados y puestos a interrogación Si durante el interrogatorio uno de ellos confiesa entonces el otro pagará una larga condena. Si los dos confiesan entonces los dos serán condenados a una sentencia menor. Y por ultimo si ninguno de los dos dice nada los dos salen inmediatamente libres.
La estrategia ganadora para cada jugador es claramente confesar. Así si el otro no dice nada el sale libre, pero si el otro también confiesa entonces juntos pasan poco tiempo en la cárcel. Es cruel pero es cierto. En cambio, como grupo les costea más no confesar a ninguno, así ambos saldrán libres inmediatamente.
Así también son las relaciones. Normalmente uno protege su propio ser. Siendo menos vulnerable a salir herido. Y si en dado caso, la otra persona también se protege pues entonces los dos se separan tranquilamente. O si el otro no esperaba eso, le tocara sufrir el resultado. En cambio, algunos, (tal vez pocos con esta creciente cultura del individualismo) decide armarse de valor y apostarle a eso. Esos pocos se llegan a convertir en matrimonios largos y de confianza.
Solo hay que perderle el miedo a sufrir. Tener fe en que después de estos baches existe algo mejor. Que este solo es el interrogatorio que me toca. Y ya yo sabré durante este tiempo si decido confesar o asumir los riesgos de que el otro confiese.
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